martes, 3 de enero de 2012

Fe, esperanza y caridad - Dia de los Reyes Magos



Fe, esperanza y caridad

Eduardo Garibay Mares
Viernes 6 de Enero de 2006


Esperar la llegada de los Reyes Magos es una de las tradiciones mexicanas que ejemplifica el ejercicio intrafamiliar de virtudes teologales que fundamentan la vida cristiana, como son la fe de que los Santos Reyes llegarán, la esperanza de que traerán los obsequios deseados, y la caridad emanada del intercambio de amor que ello conlleva, mercantilismo aparte.
Virtudes teologales que la luz de la razón evidencia como dones recibidos de un ser superior, una de las cuales es la fe, que en lo sagrado es fe dogmática, por la que, sin ver, se cree en verdades de la religión. Virtud que en lo religioso y/o lo profano es fe pública, misma que puede ser: fe de vida, cuando certifica en torno a la existencia de la gente, mediante actas de nacimiento o defunción; o fe de diversos actos legales y solemnes como son, en lo eclesiástico: bautismos y matrimonios, entre otros; y en lo civil: contratos matrimoniales, empresariales, de compraventa, etcétera. Fe entendida asimismo como: buen concepto, confianza, crédito, palabra dada, promesa hecha, seguridad, fidelidad. Buena fe que es rectitud y honradez, en contra la mala fe: el doblez y la alevosía.
Otra virtud es la esperanza, que al provenir de distintos orígenes puede ser aquella: primero, por la que el creyente aguarda recibir de Dios los bienes prometidos; segundo, por la que de forma personal se tiene confianza en lograr una cosa; y tercero, por la que se cree que ha de suceder algo favorable, esto es, que de forma general representa el deseo de obtener algún bien espiritual o material. Virtudes que culmina la caridad, consistente en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo, y no como mera limosna o socorro.
Adoración regia
Nacido ya Jesús en Belén, en tiempos del rey Herodes, quien era sólo un vasallo de la Roma imperial, a Jerusalén llegaron del Oriente tres Reyes Magos, expresando: “¿Dónde ha nacido el rey de los judíos? Hemos visto su estrella y vinimos a adorarlo”.
El rey Herodes se turbó al oír esto, y con él todos los que tuvieron noticia de ello, pues pensaron que dicho rey acabaría con el reinado de Herodes, quien de inmediato convocó a sacerdotes y escribas para preguntarles en dónde había de nacer el Mesías. A lo cual respondieron que el profeta Miqueas dijo que sería en Belén, ciudad pequeña de la región de Judá, en la que nacería ese caudillo engendrado desde el principio de los tiempos, desde los días de la eternidad, el dominador que regiría al pueblo, el glorificado hasta los términos del mundo. “El que será nuestra paz”, concluyeron.
Después de pedirles que al hallar al niño le informasen, para ir él también a adorarlo, Herodes encaminó a los Reyes Magos a Belén, quienes siguieron el trayecto señalado por la estrella que los guiaba, hasta verla detenerse sobre el sitio donde en un portal estaba la Sagrada Familia: José, María y el niño Dios, ante el que se postraron para adorarlo y ofrendarle presentes dignos de su regia divinidad.
Oro, incienso y mirra
Los Santos Reyes Melchor, Gaspar y Baltasar, sabios en ciencias naturales y astrología, viajaron del Oriente para conocer al niño Jesús y ofrendarle oro, incienso y mirra, elementales para venerar en la religiosidad y a la realeza, como es el caso del oro, metal precioso empleado en ornamentos de templos y en la elaboración de utensilios para ceremonias, e igual usado como moneda acuñada por la soberanía de un Estado y en la hechura de joyas personales, mismo que por no existir en estado natural en Palestina, era obtenido en Arabia de lugares como Havilá y Saba, entre otros.
En cuanto al incienso, muestra de honor y respeto en el culto a la divinidad y al sahumar a reyes y sacerdotes, el más usual era el incienso de timiana, confección compuesta de cuatro aromas de olor suave. La mirra, resina obtenida en Arabia de un arbusto balsámico, además de usarse como ingrediente en óleos aplicados en ceremonias sacerdotales y sacramentos, así como para embalsamar difuntos, por su grato aroma también se usaba como perfume y, mezclada con vino, ingerida para sedar dolores.
Tendencias históricas y presentes
Después de recibir celestial aviso, los Reyes Magos regresaron por otro camino, para no reencontrarse con Herodes. En tanto que José, igual advertido por un ángel del Señor, huyó con su familia a Egipto, porque el niño Dios podría ser muerto por Herodes quien, llevado por su extrema crueldad y para asegurar la eliminación del Mesías, mandó que en Belén y en la comarca se matase a todos los niños menores de dos años, por lo que hasta lo más alto se oyeron voces, lamentos y gemidos de luto y dolor, de aquellos que lloraban a sus hijos, víctimas de la matanza ocurrida en día funesto, hoy denominado de los Santos Inocentes.
Llegado el momento en que Jesús murió crucificado en el Monte Calvario, su discípulo José de Arimatea pidió permiso a Pilatos para sepultarlo, según la costumbre, y ayudado por Nicodemo aplicaron al cuerpo del Nazareno el ungüento mortuorio, compuesto por una mezcla de mirra y de madera olorosa de aloe, a fin de amortajarlo con una sábana, misma que en el sepulcro fue hallada sola, al tercer día en que el Salvador resucitó de entre los muertos y subió al cielo.
Vuelto a la gloria de la trinidad divina, Jesucristo se apareció para iluminar a quienes equívocamente habían creído que él había nacido para liberarlos de la dominación extranjera y que su reino era material, por lo que tras expresar: «La paz sea con vosotros», a los once apóstoles que aún se encontraban atemorizados y confundidos por los cruentos sucesos, acto seguido les abrió el entendimiento para que en nombre suyo predicasen la penitencia y el perdón de los pecados a todas las naciones.
Territorios evangelizados como lo es México, donde año con año familias se unen en ejercicios de fe, esperanza y caridad, preludiando la llegada de los Santos Reyes, aunque en el amanecer del 6 de enero la algarabía infantil por los regalos recibidos, y la satisfacción de los mayores ante esa felicidad, se opacan por el escepticismo y tristeza de una mayoría en que son más los que ya nada esperan, porque son menos cada vez los que creen, tienen esperanza y hacen algo, a fin de que las cosas cambien para bien en el país.
Regocijo fugaz en un contexto mexicano de inequidad social, generado por la opulencia de unos cuantos y la pobreza extrema de las mayorías, que día a día agrava el imperio de la creciente violencia. Ni más ni menos.

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